Intento escribir a cerca de
ti, de la corta historia que viví y que aún no concibo terminar, ni quiero
hacerlo. Llegaste cuando necesitaba que a mi existencia se le diera un giro de
180 grados, de esos inesperados que da la vida y que toman el camino
aparentemente correcto. Cuando el yoga corría cada día mejor entre mi cuarto y
yo. Cuando en aquel diciembre, sin pensarlo, se me iluminó la vida.
Me vestí de azul, para abrir
ese camino que aunque luz me daría, de la oscuridad no me sacaría. Tú, negro
como la noche, con una botella mágica para empezar… y entonces, en ese momento
solo fuimos tres. Las horas a tu lado nunca fueron eternas, se iban entre
suspiro y suspiro, entre palabras, sonrisas… y amigos. Así pasaban los días y
crecía la alegría cada vez que me llamabas o escribías. Una alegría que solo
venia de ti, por mí, por los dos.
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