De encuentros y causalidad
Mientras cae la tarde y con
ella unas gotas de lluvia, mientras la soledad me lleva de la mano y la
oscuridad es mi refugio, llega tu olor a mi mente.
Llegas cuando menos lo
espero, no es solo tu presencia, es el anuncio de tu llegada intermitente y
fugaz.
El anuncio de tu venida. Sí,
de tus manos, de tu cuerpo, de tus labios y eso no es lo peor, es el comienzo
de lo peor. Llegan tus letras, los reencuentros. ¡Me gustan los reencuentros!
Contigo llega la casualidad
de no ser casual, vuelvo a escuchar tu voz, a releer tus fantasías, tus
pensamientos, tu palabra; velar tu sueño por la mañana y por qué no, también
por la tarde.
Contigo llega la habilidad
de escribir sin gafas, de sentir que no las necesito para poder ver, porque ya
te conozco. Y más cuando cierro los ojos.
Contigo llegan los silencios
que dicen mucho, los ruidos que dicen más; las horas que pasan rápido, las
películas que no se ven. Llega la locura, lo real, donde nada nos separa y todo
nos une. También llega la distancia, la
de tu allá y yo acá, desde lejos donde sigues correspondiéndome y yo a ti.
Con tu llegada recuerdo lo
frágil que es la memoria; pero que más frágil es mi alma, sobre todo cuando
dejo pasar el tiempo. Con tu llegada dejo ir todo, mis ataduras, mis miedos y
le doy paso a lo puro de mi corazón.
Me
gusta tu llegada, solo entonces comprendo que todos los finales son un buen
comienzo. Me gusta el riesgo. Hay que arriesgarse, dejar que el amor resurja como sensación de felicidad.
EL DESTINO SIGUE CONSPIRANDO
NUESTRO ENCUENTRO.
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